El folleto, titulado “Experiencias alternativas de educación y estrategias para docentes frente a la violencia escolar” está atravesado por dos preguntas fundamentales:

La primera ¿Qué hace la escuela frente a la violencia creciente que enfrentan las y los jóvenes en nuestro país y estado? Algunos datos para ejemplificar la afirmación que está implícita en la pregunta:

De 2007 a 2016 fueron asesinados en nuestro país 45,339 jóvenes de 15 a 24 años de acuerdo con el INEGI, es decir, pasamos de una tasa de nueve asesinatos por cada 100,000 jóvenes en 2007 a una tasa de 24 por cada 100,000 en 2016.

En 2017 –el año más violento en la historia de nuestro país- 131 niñas y adolescentes fueron víctimas de feminicidio, Oaxaca es uno de los estados con mayor número de este tipo de crímenes. En nuestro estado, 71 mujeres –niñas y jóvenes- entre 1 y 29 años han sido asesinadas y 298 en ese mismo rango de edad han sido desaparecidas en los casi dos años de gobierno de Alejandro Murat. En tanto que la gran mayoría de ellas están cursando algún nivel educativo nos preguntamos ¿Cómo la escuela aborda estás problemáticas sociales?

Daniel Nizcub Vásquez Cerero, en su artículo “Retos de las personas trans en el ámbito educativo” señala que, de acuerdo con la 2ª Encuesta Nacional sobre Violencia Escolar basada en la orientación sexual, y expresión de género hacia estudiantes LGTB en México el 55% de estudiantes encuestados/as no se sienten seguros en sus centros de estudio debido a su orientación sexual y el 41.7% se siente inseguro debido a su expresión de género; para personal escolar el 49% de las agresiones de bullying por homofobia son normales (Encuesta Nacional sobre Bullying Homofóbico en México).

Aunado a lo anterior, Claudia Fuentes del Colectivo Punta Sur, en su escrito “Mi experiencia como docente en la costa oaxaqueña visibilizando diferentes tipos de violencia” nos muestra cómo, lamentablemente, en muchas ocasiones somos incapaces de pensar formas de solución que no pasen por la violencia física, psicológica o verbal.

En “Las autolesiones: Un grito mudo”, artículo escrito por Derya Lienen, se pone sobre la mesa la necesidad de dotar de herramientas para el manejo emocional a las y los jóvenes. Este tema que está comúnmente asociado a adolescentes también es una práctica cotidiana entre universitarios: “Un estudio realizado en 564 estudiantes de licenciatura, de entre 17 y 26 años, provenientes de ocho universidades en la Ciudad de México, reveló que 30.9 por ciento de los jóvenes se había lesionado a sí mismo cortándose, quemándose o golpeándose por lo menos una vez en su vida” . ¿La escuela puede desentenderse de esta problemática? ¿Sería ético hacerlo?

En el artículo “Escuela y discapacidad” Piña Palmera y Consorcio Oaxaca expresan: “23.1% de la población con discapacidad de 15 años y más no cuentan con algún nivel de escolaridad en México. En Oaxaca las personas mayores de 15 años con alguna discapacidad tienen, apenas, 4.7 años promedio de escolaridad; 96.3% de discapacitad@s de 6 a 11 años no asiste a la escuela y 31% de personas con discapacidad no sabe leer (INEGI, citado en Velez, 2017)” ¿Qué estamos haciendo desde las instituciones educativas ante esto? ¿Cuántes de nosotres estamos aprendiendo lengua de señas o Braille, entre otras posibilidades para garantizar que podremos intercambiar saberes con personas con discapacidad auditiva o visual, por citar solo ejemplos?

La segunda pregunta que atraviesa este folleto es: ¿Qué alternativas se generan ante la crisis institucional de las escuelas?

Esta pregunta puede desdoblarse en otra ¿para qué sirve la escuela hoy? Básicamente todo lo que se les podría enseñar a la niñez y juventud en esta institución está en internet, pueden googlearlo y en cuestión de segundos tendrán un montón de información. Además, la escuela hace mucho que tampoco es ese escalafón que, se suponía, nos daría mejores oportunidades. De acuerdo con Saúl Hernández y Carlos Guevara “quienes alcanzan mayores grados de escolaridad son los que más batallan a la hora de conseguir una oportunidad laboral” pero sí además tienes la piel morena tendrás otro tipo de empleo: 6.1% de gente con piel blanca es director o funcionario contrario a esto apenas el 2.1% de gente de piel morena estará en estos puestos; sin embargo 44% de las personas de tez morena somos trabajadores de servicios personales, actividades de apoyo y agropecuarios versus el 28.4% de personas con tez blanca (Encuesta Nacional de Discriminación, 2017) . ¿Cómo en la escuela reproducimos estás formas de discriminación? ¿Qué hacemos para erradircarlas?

En ese sentido, los artículos “El derecho a la participación de niñas, niños y adolescentes en el ámbito educativo en una organización de la sociedad civil”, “Creando otros mundos desde la comunidad. La experiencia del centro universitario del pueblo xhidza (Ceuxhidza)” y “La escuela para el bien común, una experiencia de aprendizaje colectivo” escritos por integrantes de Calpulli, Connad, Surco AC e Ideas Comunitarias AC y que conforman el bloque “Experiencias alternativas de educación” dentro de este folleto nos dan cuenta de apuestas impulsadas desde la sociedad civil que cuestionan el despojo y la invisibilización que se da, en una gran cantidad de ocasiones, de los contextos y saberes locales. Estas experiencias proponen rutas metodológicas, políticas y pedagógicas de acción que vale la pena conocer.

En el apartado de “Estrategias para docentes” que incluye los artículos “Recreación escolar. Cuatro propuestas de prevención de la violencia escolar” escrito por el Centro Intradisciplinar para la Investigación del Ocio y en el de “Círculos de autocuidado y cuidado colectivo entre profesores/as para su bienestar” escrito por Consorcio Oaxaca lo que intentamos decir son dos cosas: 1) que entendemos la dificultad de atender la cantidad de problemáticas que se suceden en la escuela –aunque eso no le exime responsabilidad alguna- y 2) que las organizaciones de la sociedad civil estamos dispuestas al diálogo y colaboración con las escuelas porque sabemos que en estos tiempos lo prioritario es articularnos cada vez más para generar preguntas:

“Si tenemos mejores preguntas es que conquistamos mejores problemas en los que estar. El problema del ansia de respuestas es que nos encierran en una manera de ser, cuando lo vital es devenir, mutar. Lo vivo muta, lo inerte permanece. Y no se trata tanto de criticar eso sino de entender, de entendernos” . (Sergio Lesbegueris, 2018).

Eso, es una tarea fundamental de la escuela: preguntarse sobre sí misma, sobre qué hacer ante la “pedagogía de la crueldad”, como llama Rita Segato a la sobreexposición de la violencia en nuestros días; la escuela debe interpelarnos a otres, convocarnos y provocarnos para generar diálogos, para traernos a la presencia, a la mirada, al giño, a la sensibilidad, al cuerpo. De ahí en fuera, poco puede hacer.